Historias criminales

“Creo que hay dos o tres tipologías. No mucho más. Uno: el que mata por envidia, por poder, por no ser abandonado, por manipular al otro hasta las últimas consecuencias. Dos: el que mata por motivos difíciles de entender, por pulsiones incontrolables, por locuras. Tres: el que mata porque se encuentra en un nivel de turbación alto. Este último podemos ser todos: cualquiera, llevado a un grado alto de acorralamiento, puede matar, al menos en defensa propia o en una situación sin remedio. Pero no todos pueden darse cuenta de lo que eso significa; no todos pueden elaborar un arrepentimiento. Creo que si contamos los crímenes haciendo hincapié en el morbo y en la sangre, tendremos historias pasatistas, vacías. Pero si las cargamos de sentido y de cultura, esas historias criminales nos enseñarán algo sobre nuestro mundo y sobre el ser humano.”

Por Javier Sinay, a propósito de la salida de su nuevo libro: “Los crímenes de Moisés Ville en entrevista en Ronnie Arias.

Disfrutar de la incertidumbre

“Son tiempos de incertidumbre, y en tiempos de incertidumbre se diluyen todas las fronteras: entre las industrias, entre las plataformas y hasta entre los géneros. Es un contexto complejo en el que para acertar, antes hay que entender. Esto pasa no sólo en la industria de los medios, sino en muchas otras áreas de la economía y la sociedad. Pero creo que una de las claves está en trabajar con gente que aprenda a disfrutar de la incertidumbre, porque al mismo tiempo es un tiempo de enormes posibilidades y desafíos. El problema es que hay mucha gente dedicada a los contenidos y medios que añora el mundo estable y predecible en el que trabajó en el pasado. Hoy se necesitan personas capaces de interesarse por lo nuevo, gente con capacidad de aprender, de anticipación para adecuar los productos y modelos de negocios a las nuevas realidades”.

Alfonso Sánchez-Tabernero, rector de la Universidad de Navarra, en La Nación. (Vía eBlog)

Rezar

“Mi estrategia, en términos de moralidad, financiación y periodismo, se resume en ser mejores de lo que éramos cuando no existía lo que conocemos como internet. La idea es insistir constantemente en la búsqueda de la calidad y en hacer las cosas cada vez mejor, algo que por otra parte es muy caro. Y esperar y rezar por que la gente pague por ello. Y lo hacen.”

David Remnick, director de The New Yorker

en una excelente e imperdible entrevista.